¿Te duelen las articulaciones cuando cambia el tiempo?

Son muchas las veces que hemos escuchado: «me duele el hombro, mañana va a llover«, ¿verdad?

Los pacientes que padecen ciática, que se han sometido a una operación de rodilla, de hombro o de codo (por muy antigua que sea la lesión), tienen cicatrices o que padecen artritis o artrosis, se convierten en los «hombres/mujeres del tiempo». Parece que adquieren la habilidad de predecir los cambios bruscos de temperatura.

Actualmente, existen varias evidencias científicas que relacionan los cambios climáticos con la aparición o aumento de dolores corporales: un estudio científico realizado por la Universidad Tufs de Boston en 2007, se aseguraba que cada caída de 10 grados de temperatura correspondía al aumento paulatino en el dolor de la artritis.

Otros estudios realizados principalmente en Europa y Estados Unidos determinan cómo diferentes situaciones atmosféricas producen un aumento de ingresos en hospitales.

¿Por qué ocurre?

«La modificación del dolor con respecto a los cambios en el clima está muy relacionado con los fenómenos de  oscilación en la presión atmosférica. La atmósfera ejerce presión sobre nuestros tejidos corporales, y los cambios de presión pueden generar cambios transitorios en su composición; en concreto,  en el cartílago articular, modificando la relación de algunos de sus componentes como el agua, colágeno, condritis sulfato, etc. Esto ocurre sobre todo en las jornadas previas a la llegada de la lluvia», por lo que podemos fiarnos casi a ciencia cierta de las premoniciones de las personas con afecciones óseas.

Cuando hay un cambio brusco en el tiempo atmosférico, se dan una serie de modificaciones a nivel de la presión atmosférica. Se conoce que el buen tiempo va asociado a fenómenos de altas presiones y el mal tiempo está asociado a bajas presiones.

Cuando el tiempo es estable, existe un estado de equilibrio entre la presión atmosférica (extracapsular) y la que hay en el interior de nuestro organismo. Ante un descenso brusco de la presión, mediante un principio de regulación hidráulica, el líquido sinovial que se encuentra en el interior de la articulación tiende a salir de la misma, por lo que se produce un estado de pretensión de la cápsula y generando síntomas de dolor.

¿Qué podemos hacer?

PREVENCIÓN. Es el mejor tratamiento. No podemos esperar a que vengan los cambios de tiempo, lo mejor es recibir tratamiento para prevenir ese aumento del dolor o reducirlo. Debemos preparar y cuidar nuestro cuerpo antes de que se acentúe el dolor.

Los síntomas son muy variables y hay que ajustar el tratamiento a cada persona.

Un tratamiento completo consistiría en:

  1. Consejos nutricionales para la mejora de la función de los órganos y el control del dolor.
  2. Fisioterapia: técnicas para la reducción de la inflamación, crioterapia, termoterapia, electroterapia, acupuntura, terapia manual, técnicas de inducción miofascial y/o kinesiotaping, entre otras.
  3. Pautar ejercicio físico adaptado: el ejercicio físico proporcionará por un lado una vía de manejo del estrés al que está sometido diariamente el paciente. Además, mejorará la síntesis del calcio, la circulación, etc. Ni que decir tiene que la práctica deportiva se recomienda al aire libre, para disfrutar del sol y sus propiedades.